El Huerto, Esperanza y Rescatado deciden suspender su estación de penitencia, mientras que las Penas acorta su recorrido y Vera-Cruz y Amor se refugian en la Catedral
El Domingo de Ramos, día emblemático en el calendario litúrgico cristiano, se vio marcado por una mezcla de fervor religioso y desafíos climáticos en la ciudad. A primera hora de la mañana en la Mezquita-Catedral, se celebraba la solemne Misa con Bendición de las Palmas y Ramas de Olivo, presidida por el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández. Miles de fieles no quisieron perderse este momento, como preludio a una nueva Semana Santa. La hermandad de la Entrada Triunfal, una de las más esperadas en la primera mañana de la Semana Santa, se destacó por su compromiso a pesar de las inclemencias del tiempo. Desde la temprana mañana, las campanas resonaban anunciando la llegada de esta celebración anual. La Entrada Triunfal, cuya estación de penitencia se inició desde San Lorenzo, desplegó una procesión majestuosa con el Señor de los Reyes, quien ostentaba una nueva túnica blanca bordada, y la primera fase de su nuevo paso de misterio, captando la atención y devoción de los presentes. Asimismo, el paso palio de Nuestra Señora de la Palma sumaba su belleza a este cortejo. Sin embargo, conforme avanzaba la jornada, el clima comenzó a tornarse adverso, desafiando la determinación de las hermandades. Algunas, como la hermandad del Huerto, Esperanza y Rescatado, tomaron la difícil decisión de no realizar su estación de penitencia, priorizando la seguridad de su patrimonio ante la incertidumbre de climática.Otras hermandades se vieron obligadas a modificar sus planes, acortando sus recorridos ante la repentina llegada de la lluvia. La hermandad de Vera-Cruz, sorprendida por las precipitaciones, decidió entrar en la Catedral en un gesto de prudencia y respeto hacia sus titulares. Similar fue la situación para la hermandad del Amor, que, ante el imprevisto meteorológico, ajustó su recorrido conforme a las circunstancias. A pesar de los contratiempos, hubo ejemplos de devoción y fe que desafiaron las inclemencias del tiempo. La hermandad de las Penas, en un acto de determinación y entrega, logró completar su estación de penitencia a tiempo, pero acortada, demostrando su compromiso con la tradición y la espiritualidad que caracterizan esta celebración religiosa. El Domingo de Ramos, aunque marcado por los desafíos del clima, reflejó la resiliencia y el fervor de las hermandades y sus fieles.