Sus familias de acogida en España luchan por sacarlos de la guerra
Hace dos meses que Alicia y su familia se separaron de Yanina tras acogerla por primera vez en Madrid la pasada Navidad. La despedida fue difícil, no solo por los lazos que se habían creado sino por la creciente presión que ya ese 24 de enero estaba ejerciendo Rusia sobre Ucrania. No imaginaban, sin embargo, que lo que le esperaba un mes más tarde a su hija de acogida en su país era sufrir las consecuencias de una invasión.Yanina es una de los 90.000 niños que viven en centro tutelados en Ucrania, muchos de ellos como esta pequeña que cumplió 7 años en su primera estancia en España están atrapados en zonas de guerra o en zonas ocupadas por los rusos de las que tampoco pueden salir.El orfanato de Yanina está situado en la aldea de Schors al norte del país, casi en la frontera con Bielorrusia. Al igual que muchos otros de estos niños ella tiene familia, pero su precaria situación económica no les permite mantenerla. Ahora en ese enclave los puentes de acceso han sido destruidos y la falta de alimentos es generalizada.Quien explica a COPE esta dura realidad es Alicia Pozo de 42 años y madre de tres hijos de 6, 5 y 3 años. Está en contacto a diario con la madre de Yanina. Se comunican por móvil y gracias a Viber alcanzan a entenderse. Las noticias que llegan no son buenas.Han pasado días sin tener nada para comer“Nos escribimos y desde hace ya 8 días que Anha me dijo que se había acabado cualquier alimento. Cuando me habla de su hija me dice que no se entera tanto de la guerra como que tiene hambre y eso se me ha quedado clavado” explica Alicia que está moviendo todo lo que puede para hacerles llegar la ayuda que necesitan.Gracias a su labor, a la de otras familias de acogida y a la organización “Niños de Ucrania y Andalucía” esta semana les han llegado por fin 150 kilos de harina y algunos huevos, suficiente para sobrevivir unos cuantos días, aunque son muchos.Y es que morir de hambre es un riesgo real en muchos puntos sitiados de Ucrania y también en Schors. Algunos han tratado de huir y dejar atrás la penuria, el frío y también el refugio a donde, según nos cuenta Alicia, van con frecuencia porque allí las sirenas siguen sonando, pero las cosas para muchos de los que lo han intentado no han ido bien. La madre de Yanina relata, entre otras tragedias, la muerte de una madre y sus hijos cuando trataban de cruzar el río a bajo cero o coches en los bosques cercanos cosidos a balazos.“Sí puedes sacar a mi hija por favor sácala”“La madre de mi niña lo que me dice es que ella no puede salir porque tiene otros hijos mayores y están a punto de tener la edad suficiente para servir a su país, pero por favor si tú puedes sacar a Yanina sácala” señala Alicia que no imagina lo que tiene que ser separarte de un hijo en una situación tan tremenda y consciente de que si Anha lo hace -y además por un tiempo indeterminado- es por amor y porque la experiencia fue positiva para ella.Alicia no ha olvidado el día en el que Yanina se marchó tras pasar su primer mes y medio en España, entre lágrimas cuenta que: “cuando se fue después de Navidad, la despedida en el aeropuerto fue bastante dura, ya estaban las noticias de que Rusia estaba acercando tropas a la zona del Dombás pero, en ese momento, no nos imaginábamos esto y tratábamos de tranquilizarnos pensando que en junio venían otra vez”.Ahora tanto ella como su marido temen no volver a verla especialmente si la zona en la que reside sigue aislada y bajo dominio ruso.Una gran responsabilidadSu primera experiencia como padres de acogida tampoco fue un camino de rosas recuerda Alicia: “ahora que muchas familias quieren acoger -algo de lo que me alegro mucho- lo que les digo es que no hay que ser ingenuo. Vienen sin conocerte, sin hablar el idioma y sin ni siquiera tener claro cuánto tiempo van a estar en España o si volverán a ver a su familia. Fue el caso de Yanina que venía asustada y con muchas vivencias terribles en su casa y en el orfanato y no fue fácil”.En el caso de su hija de acogida con el paso de los días y el apoyo de una psicóloga de la organización fue encajándose en la familia. “Ayudó el que ella fuera la mayor y también la única chica, se fue abriendo poco a poco y al final ya jugaban todos juntos y era una niña más, como una hermana”.Alicia considera la acogida una enorme responsabilidad y quienes se comprometan deben estar dispuestos a esforzarse mucho sin esperar nada a cambio: “te tienes que visualizar, si eres capaz es muy bonito, pero también es duro, tienes que tener tiempo para que ese niño forme parte de tu día a día como un hijo y un espacio adecuado para él y, si no, hay muchas otras formas de ayudar y todas son muy necesarias”.La echan de menos y desean reencontrase con ella lo antes posibleTanto Alicia como su marido trabajan y más de una noche llegaron a preguntarse si podían con todo. Y pudieron. Si lo hacen es porque esa niña pueda tener un futuro mejor, conocer una estructura familiar estable y pasar un mes y medio en Navidad y 3 meses en verano con sus padres y hermanos de acogida en un hogar con toda la tranquilidad y el confort del que, ya antes de la guerra, carecía en Ucrania.Todos la echan de menos. También los niños que son muy pequeños, pero “se han quedado con el país del que viene: Ucrania y esto es algo que ahora sí me cuesta gestionarlo a pesar de que obviamente no ponemos el telediario con ellos”, comenta Alicia.El mayor es Nico y tiene 6 años. Como su familia estaba planeando un viaje para Semana Santa, él sugirió -con toda su inocencia infantil y con un corazón tan generoso como el de sus padres- “ir a Ucrania para que Yanina pueda estar también un poco más de tiempo con nosotros”.

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