Isabel Laguna
Isabel Laguna Jerez (Cádiz), 4 mar (EFE)- Antonio Ríos Fernández, Antonio el Pipa, aprendió de su abuela, la matriarca del baile flamenco jerezano Tía Juana la del Pipa, a «ser libre con los brazos», bailando, una libertad con la que ha recorrido escenarios de todo el mundo y que piensa ejercer «hasta que los pies me echen sangre».»Yo no concibo la vida sin bailar porque no la recuerdo de otro modo», explica, en una entrevista Antonio el Pipa, que mañana estrena en la última jornada de la XXVI edición del Festival de Jerez «Bodas de plata», una obra con la que celebra los 25 años de su compañía. Con el paso de los años sólo ha ganado, dice, «miedo» a que se levante el telón. «Siento más la responsabilidad». «Lo que no pierdo es la ilusión, me siento como si fuera 1997».En aquel año fundó su propia compañía. «Nunca me hubiera creído y si alguien me lo hubiera dicho tampoco, que esta aventura me llevaría a pisar algunos de los teatros más grandes e importantes del mundo», confiesa en el texto con el que presenta la obra este bailaor nacido en Jerez en 1971, en una de las familias gitanas con más raigambre flamenca del barrio de Santiago.En su nuevo espectáculo, «Bodas de sangre», sitúa el que considera uno de los hitos más importantes de su carrera en estos años, tener en el escenario como artista invitada a Manuela Carrasco. «Es mi ídolo desde que soy niño, la admiro, la amo». Algo que comprara con el privilegio que supuso que Alicia Alonso le encargara dirigir «El Amor Brujo», que estrenó en 2010 en el Gran Teatro de La Habana; o de haber hecho en el 2017 una gira acompañando a la mezzosoprano, especializada en música barroca, Magdalena Kozena, que concluyó en el Teatro Real y en el Gran Teatro del Liceo. «Mi vida está marcada por mujeres», explica este bailaor al que le ha rodeado el compás flamenco gitano desde antes de llegar al mundo, en su familia y en su barrio. Cuenta que el legado que le regaló su abuela fue aprender, como bailaor, «a ser libre con los brazos», con los que «siento que acaricio al mundo».»A nivel personal me dijo una frase que llevo grabada a hierro: el artista pasa, la persona queda. Por eso hay que ser persona antes que artista».Recuerda que desde pequeñito, en un mundo en el que todo se celebra a través del flamenco, bailaba porque «mi cuerpo quería decir cosas».Pero fue en la adolescencia cuando empezó a escuchar a su alrededor ‘mira que bien baila’, cuando se disparó en él la ambición por dedicarse a esto. «Empecé a sentirme orgulloso de mi. A aquel niño se le fortaleció la autoestima. El baile fue mi arma para decirle al mundo que existía».Quiso e intentó formarse técnicamente, pero, en su caso, el aprendizaje se hizo «dándome guantás» directamente en los escenarios enfrente de los grandes del baile, el cante y el toque flamenco porque «a los 18 años ya estaba actuando en Broadway» con «Gyspy Passion». En las nuevas generaciones de bailaores ve que la formación técnica ha ganado peso y a veces por encima de otras cosas que a él le parece que no se pueden perder. «Hay algo que es más importante, el alma. La técnica nunca puede estar por encima del arte, tiene que ir a favor de él», dice mientras aconseja a los bailaores «mirar su alma, echarse mano al corazón y saber qué quiere decir» para alcanzar una personalidad propia. Antonio el Pipa se confiesa «muy feliz» con un nuevo trabajo con el que celebra muchas cosas.Primero que «estamos saliendo del hoyo de esta maldita pandemia que, entre otras cosas, aniquiló a la cultura. Volvemos a respirar a ilusionarnos. Estamos de nuevo creando», dice este bailaor que pasó el confinamiento en su casa de Rota, bailando en la azotea, sin poder ir a su estudio, en su Jerez natal.Y después los 25 años de su compañía con un espectáculo en el que ha querido hacer «un guiño» a todos los artistas que han colaborado con él este tiempo.Así, cuenta con cantaores invitados como José Valencia, Joselito de Lebrija, con quien levantó por primera vez el telón la compañía en 1997, y Morenito de Íllora, que le ha acompañado en sus últimos trabajos. Recupera coreografías importantes en su trayectoria. «Y arriesgo con coreografías nuevas, no quería quedarme sólo en la nostalgia, quiero tener el hálito de seguir creando, por eso el número final es toda una declaración de intenciones y se llama «bailar». «Me regalo en cada giro de mi cuerpo y de mi sangre que te anhela/ que te busca y que te sueña/ yo quiero bailar contigo lo que siento desde niño/ como bailo con mi tierra como el aire que respiro lo que baila por mis venas», suena en esta pieza por J. J. Alba, autor de la música con la que Antonio el Pipa vuelve a ser libre con los brazos.

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