Fundón se llamaba el novillo que abría la Feria de Olivenza. Las precipitaciones que cayeron en tierra extremeña dieron una tregua en la tierra oliventina, aunque el que no faltó fue el viento. Una barbaridad molestaba. Carlos Domínguez brindó la faena a Jacinto Ortiz, propietario del coso. Por alto comenzó con el de Juan Albarrán, pero cuando se quedó con la muleta en la mano derecha Eolo imposibilitaba el manejo de los trastos. Había que buscar el abrigo de las tablas y así lo hizo al natural, con asiento y buscando el temple ante el noble animal. En las cercanías se metió por circulares invertidos hasta acabar con unas luquecinas. O eso parecía, porque quiso más y trazó unas ajustadas bernadinas antes de perfilarse para matar. Pinchó dos veces antes de una estocada defectuosa. Saludó una ovación.

Tremendo el susto cuando el Rinconero pasó por encima de Manuel Perera en el recibo a portagayola. A por todas salió el torero, que se libró de milagro del percance. De rodillas siguió con vibrantes verónicas con un cárdeno claro de escurridas carnes y con mentirosa movilidad. Por tafalleras el quite, con mucho arrojo. Y de hinojos el comienzo de faena. Y no una tanda, sino dos. Embestía a doble velocidad el de Carriquiri, sin ir metido en los trastos y con incómodas miradas. Sin fijeza y sin humillar, los pitones iban a la altura del pecho. Cada vez a peor iba, pendiente de todo menos de las telas. Mucho mérito tuvo Perera con el descastado animal, en el que firmó de remate unas manoletinas de máxima entrega mientras Rinconero dedicaba miradas al tendido. Era complicadísimo matarlo, y el extremeño lo hizo a la segunda de una estocada contraria. Tuvo que descabellar.

Erick Olivera debutó con Ratón, de Vistalegre. El brindis fue para los maestros de la Escuela de Extremadura. Con personales maneras con el capote, mostró su disposición con el buen novillo para finalizar por manoletinas. Lo cazó de una estocada trasera caída e inauguró el marcador de trofeos.

Ilusionante con el capote Carlos Domínguez frente al buen cuarto, de José Luis Marca. Brindó al público y se plantó de rodillas, con un bello cambio de mano. Mirando al tendido fue el pase de pecho ya erguido. Cómo embestía el de Marca, con temple. No pudo ser faena limpia por el aire, pero mediada la labor, tras una bella serie zurda, todo fue ‘in crescendo’, en lo mejor de lo que iba de tarde. Y cómo era el novillo, qué manera de humillar por momentos y qué clase, para gozarlo. Cómo sería la cosa que algunos pidieron el indulto. Y Domínguez siguió y siguió toreando hasta el punto de que sufrió una seca voltereta. Tanto alargó que el animal se puso más distraído para matarlo. Dos pinchazos y media. Sonaron dos avisos. Cortó una oreja de este gran Mulato, que así se llamaba el de Marca.

Se rajó el quinto, de Píriz. Manuel Perera se esforzó por agradar pegado en las tablas, pero el novillo no quería pelea. Tras el arrimón, pinchó.

Olivera dejó otra vez su aquel a la verónica, pero luego la faena no tomó vuelo con el de Luis Albarrán en un frío ambiente.

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