Llevan décadas silenciadas. Pero ahora, las mujeres de los Guardias Civiles, levantan la voz para protegerlos. Juntas han creado la plataforma «Nuestro corazón por Bandera»
“Su nombre no te lo puedo decir”. Es lo primero que nos dice Isabel cuando empieza a hablar de su marido. Él es Guardia Civil, está destinado en Huelva y es uno de los cientos de agentes que cada día se juega la vida en acto de servicio.Isabel, como muchas otras mujeres, sabe lo que es estar en tensión cuando suena el teléfono. O tener que coger el coche porque un compañero de su marido lo ha llamado diciéndole “que ha pasado algo”.En ese momento, la carretera se hace eterna: «No sabes qué ha pasado realmente. La Incertidumbre te come hasta que lo ves y compruebas que se encuentra bien.» Después lo que siente es orgullo por su marido: «Lo hace con el corazón porque así lo siente, y sabes que al día se pondrá de nuevo el uniforme».En esos momentos tan difíciles, Isabel se apoya en otras mujeres. Y se emociona al recordarlo. Ellas no enfundan el arma. Ni visten uniforme. Son las que se quedan en casa. Esperando que sus maridos vuelvan a casa. Vivos. Mujeres que han estado a la sombra durante años. Hasta ahora. Mujeres que siempre se han apoyado entre ellas. Porque como nos dice Isabel, “cuando sucede alguna tragedia, el primer abrazo te lo da la mujer d euna compañaero. los vecinos del cuartel son los tñíos de tu hija, con quien se cría, con quien juega. Quien conoce cómo es la vida en un cuartel, sabe de lo que estoy hablando».Por eso, junto a otras mujeres, han creado la plataforma ‘Nuestro Corazón por Bandera’. El objetivo de esta plataforma es que no se repita la tragedia de Barbate, en la que dos guardias civiles fueron atropellados por una narcolancha el pasado 9 de febrero, la noche en la que mataron a Miguel Ángel y David. Para conseguirlo, este recién formado colectivo reivindica más personal y la declaración de Zona de Especial Singularidad. También denuncian la escasez de medios. Es un tema que preocupa. Pero en casa no se habla del tema. Es mejor. Porque aunque su hija, María, sólo tiene ocho años, se entera de todo. Pero Isabel se da cuenta. Lo conoce bien: «Llega a casa y aunque no te diga nada, lo ves con el temor, la preocupación». O lo peor, no llega. Para ellos, la procesión va por dentro. «Se queda cuando cogen la hoja de servicio, creo que se mirarán unos a otros, pero en casa esos temores no los expresan». Para ellas, también. Porque mientras esperan, lo único que desean es que no suene el teléfono. «Es lo peor que te puede pasar».También te podría interesar:Un mes después del asesinato de David y Miguel Ángel: «Pocos medios y un ministro que no se va»Las ‘pateras taxi’ de los narcos: de Marruecos a Málaga en media hora por más de 10.000 euros