Javier Vela (Madrid, 1981), premios Loewe e Iberoamericano de Poesía, acaba de publicar su primer libro de cuentos con «Guía de Pasos Perdidos» (Páginas de Espuma), en lo que supone, según explica en una entrevista con EFE, «la consumación de una voluntad prefigurada» y un acercamiento a un género que es «como el salto por piedras para cruzar un río.
Javier Vela (Madrid, 1981), premios Loewe e Iberoamericano de Poesía, acaba de publicar su primer libro de cuentos con «Guía de Pasos Perdidos» (Páginas de Espuma), en lo que supone, según explica en una entrevista con EFE, «la consumación de una voluntad prefigurada» y un acercamiento a un género que es «como el salto por piedras para cruzar un río.Javier Vela cuenta que viene acercándose al género del cuento desde 2017, cuando publicó Pequeñas sediciones, aunque confiesa que había ido camuflando algunos textos de condición similar en trabajos anteriores.Su nuevo libro incluye cuentos compuestos durante más de una década, desde 2009, Afectos personales, a 2020, Guía de pasos perdidos, y revela que llegaron a existir, al menos, otra docena de ellos que terminó sacando del conjunto de acuerdo a una premisa común entre los músicos y enormemente útil para los escritores, según la cual un disco, o un libro en este caso, resultaría tan bueno como el peor de sus temas.Vela explica que todos los cuentos siguen una secuencia temática comprendida entre la infancia y el principio de la adultez, y tienen como protagonistas a personajes unidos por el desamparo, la orfandad y la pérdida.Son seres solitarios o que aspiran a refugiarse en la soledad. Es cierto que hay dos cuentos («Una historia de América» y «Cuento del pescador») donde se aborda asimismo el tema de la huida ante el espejo de la vejez, pero se hace asumiendo en ambos casos que ese gesto «sociófugo» sea un modo particular de liberación y una forma de recuperar el control sobre el propio destino, detalla.Los personajes están unidos por la pérdida o por pérdidas de distinta especie: familiares, conyugales, identitarias…de forma que todos experimentan alguna forma de orfandad, ya sea real o simbólica, y varios de ellos huyen, según el escritor, en pos de un espacio propio en el que sean capaces de recobrar el mundo que han perdido o les ha sido usurpado.El autor desgrana que casi todos emanan de su pasado biográfico, pero aclara que esos recuerdos han sido sesgados en beneficio de la narración.Más bien impera la fábula. Lo que sí existe es cierta fidelidad de imágenes, ideas y sensaciones muy vinculadas a mi experiencia de vida. Aquellas obsesiones que no nombramos a tiempo terminan convirtiéndose en vinagre freudiano, así que trato de conjurar mis fantasmas de una manera crítica o irónica, asegura.Vela piensa en los cuentos como en las piedras de un río que, al unirse en hileras, nos permiten cruzarlo desde una orilla a otra y explica que le gusta moverse a su aire por el espacio textual porque el cuento es muy flexible a este respecto, porque une territorios en apariencia opuestos.El escritor, afincado en Cádiz, muestra orgulloso la influencia que en él dejó Carlos Edmundo de Ory, como se ve en el cuento que da nombre al volumen.También hay guiños discretos en otros cuentos afines, como «Romanticismo», que transcurre no obstante en la costa gallega. Procuro en todo caso evitar el peligro de andar regocijándome en un muestrario del color local. Me gusta recorrer el territorio con ojos extranjeros, y extraer del folclore su enorme valor estético sin abandonarme por ello al acarreo de lo popular, argumenta.Porque Javier Vela entiende la cultura y el contexto en el que ha crecido como un subproducto del azar, ya que lo contrario sería determinista, y ya hemos visto a qué grado de paranoia pueden llegar algunos al confundir la tierra con la identidad.

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