Contemplar la aldea en los días previos cuando todos están por llegar, ver la llegada de la Hermandad de Jaén mientras caminamos despacio para ir a ver a la Virgen. La emoción de los abrazos eternos es estar con los amigos y que el corazón y la mente vuelvan atrás. Encuentras la fe cuando escuchas cantar y el vello se pone de punta, cuando vas por las arenas y ves los ojos de un hermano que te abraza llorando. Si hay algo que nunca olvidas es el primer traje de flamenca, el que crece contigo con el paso de los años.

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