El espectáculo vivido en los últimos días en el PP o la polarización en la que se ha instalado el debate político no ayudan a devolver la confianza en los partidos
Los partidos no atraviesan precisamente su mejor momento de imagen. Los barómetros del CIS señalan a la clase política como uno de los principales problemas para el país. El espectáculo vivido en los últimos días en el PP o la polarización en la que se ha instalado el debate político no ayudan a devolver la confianza en los partidos que, pese a todo, siguen siendo insustituibles para la “participación política” y la “formación y manifestación de la voluntad popular”. Muchas de las razones son estructurales y sería injusto señalar a las actuales generaciones de dirigentes como únicas responsables.En tiempos de Twitter e Instagram difícilmente se habrían abierto paso oradores como Churchill o Kennedy. Tampoco son tiempos ya de masas de militantes, sino más bien de lo que los politólogos denominan “partidos cartel”, dependientes de los recursos que les aporta el acceso a la Administración. La política tiende a transformarse así en una lucha descarnada por el poder, en la que las ideas tienen un papel secundario. Esto genera una peligrosa brecha con la sociedad y crea el caldo de cultivo para todo tipo de movimientos antisistema, un problema que no se debería subestimar. Frente a eso se necesitan debates de mayor altura en el Congreso, pero también acciones concretas y visibles de la mano de la sociedad civil, que muestren que la política se preocupa de lo que pasa en la calle, y sigue siendo esencial para mejorar la vida de los ciudadanos.

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