Life Wood for Future, el proyecto que promete recuperar las alamedas e impulsar la bioeconomía del chopo, cambia lo tradicional por una visión contemporánea
El proyecto ‘Chopo Activo’, de los arquitectos Ignacio de Teresa, Lucía de Molina, Xianjun Zhou e Ignacio Hornillos, ha recibido una mención en el concurso para el diseño del pabellón temporal del Festival de Arquitectura Urbana TAC!, puesto en marcha por el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (Mitma), en colaboración con la Fundación Arquia. El proyecto ganador ha sido ‘Aire’, del estudio madrileño P + S, que se construirá en la Plaza del Humilladero el próximo otoño, con motivo de la primera edición del festival en Granada. Casi un centenar de propuestas de todo el mundo se presentaron al concurso, en el que otros dos proyectos fueron premiados como finalistas y cuatro recibieron menciones “por su calidad arquitectónica, así como por su integridad y coherencia constructivas”, según el jurado.LIFE Wood for Future, el proyecto liderado por la Universidad de Granada (UGR) con financiación europea para recuperar las alamedas e impulsar una bioeconomía del chopo en la provincia, avaló la candidatura de ‘Chopo Activo’, que ofrece una visión innovadora de los tradicionales secaderos de tabaco de la Vega de Granada.La propuesta plantea construir una estructura de troncos de chopo, utilizando los elementos de menor valor procedentes de la tala de las choperas de Granada, como se ha hecho tradicionalmente en la construcción de los secaderos de tabaco de la Vega, señala Ignacio de Teresa. “Nos parecía muy sugerente meter en el centro de la ciudad una estructura del campo, sencilla y barata, que acumula un saber construir de muchos años, y llenarla de contemporaneidad y tecnología para que la ciudad proponga usos en ella”. El arquitecto recuerda que, frente a la presión urbana, este patrimonio arquitectónico industrial es una pieza clave para reactivar la Vega.Con un marco entre troncos similar al de las choperas, el pabellón ‘Chopo Activo’ se estructura en módulos de 4 x 4 metros. Al igual que los secaderos tradicionales, carece de cimentación, por lo que una vez que se desmonta no quedan residuos, y gracias a los conocimientos tecnológicos actuales, el uso de pletinas metálicas permitiría desensamblar el pabellón y volver a ensamblarlo en otro lugar. Mediante el empleo de cables, mallas y red eléctrica, el resultado es una estructura polivalente, con espacio para juegos y columpios, zonas de descanso y exposiciones colgantes. Madera para construir desde Al ÁndalusEl uso del chopo en la construcción en Granada data al menos de la época de Al Ándalus. Durante siglos se obtuvo la madera de las alamedas silvestres que poblaban las riberas fluviales de la Vega para construir andamios, techumbres y cubiertas, hasta que a finales del siglo XIX la alta demanda de esta materia prima para la construcción de viviendas y secaderos de tabaco propició las primeras repoblaciones masivas y una etapa de esplendor de las choperas.El uso del chopo como madera estructural declinó en la segunda mitad del siglo XX, cuando fue sustituida por ladrillos y hormigón en los secaderos y las construcciones rurales, mientras los andamios se empezaron a fabricar con metal. Desde entonces, su principal destino ha sido la elaboración de cajas y envases para la industria hortofrutícola. El proyecto LIFE Wood for Future/Madera para el Futuro pretende ser el motor de una ‘segunda revolución del chopo’ en Granada que contribuya a la mejora de la biodiversidad y el secuestro de carbono, al tiempo que impulse la economía local gracias a la creciente demanda de madera para la construcción sostenible en todo el mundo. Para ello, en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de la Edificación de la UGR y la Plataforma de Ingeniería de la Madera (Pemade) de la Universidad de Santiago de Compostela se están desarrollando dos productos innovadores, las vigas laminadas mixtas de chopo y pino y los prefabricados mixtos de madera y hormigón.“Las choperas tienen una elevada capacidad de captación de carbono de la atmósfera, hasta 30 toneladas por hectárea y año, y aportan otros múltiples beneficios ambientales: actúan de filtros verdes que limpian el agua que llega a los acuíferos, moderan las avenidas de los ríos y protegen de la erosión, refrescan el ambiente, conservan la calidad del suelo, mejoran la calidad del aire y son hábitat para muchas especies de fauna”, recuerda Antolino Gallego, catedrático de la UGR y coordinador de LIFE Wood for Future, proyecto en el que también participan la Confederación de Organizaciones de Selvicultores de España, la Diputación de Granada, la Universidad de Santiago de Compostela y la spinoff 3edata.

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