“Ni la muerte ni la fatalidad ni la ansiedad pueden producir la insoportable desesperación que resulta de perder la propia identidad”(H.P. Lovecraft)Un espejo. El fútbol es un espejo en el que mirarnos y recordarnos. En el que nos vemos bonitos cuando tenemos motivos para ser felices o nos convertimos en tétricas calaveras cuando la pelota se nos encabrona. “Memento mori” con olor a césped y linimento.Viví mi juventud en un entorno en el que ser aficionado del Córdoba resultaba una excentricidad. Sin referencias sólidas ni tampoco motivos por los que preocuparme por el equipo de la ciudad en la que nací. Mi sentimiento oscilaba entre la indiferencia e incluso el firme rechazo. Con el paso de los años, fui encontrando en las tragedias deportivas del equipo al que empecé a reconocer como propio motivos para sentir. Y jugadores, claro, en los que descargar mi ilusión y mis frustraciones. Mi pasión y mi interés. Espejos.Javi Flores era un espejo para mí y, supongo, para muchos más. En mi caso, por partida doble. Fue uno de los primeros futbolistas a los que pude entrevistar cuando yo aún no sabía lo que significaba ser un profesional y cuando él todavía tenía como hobby comer pipas con sus amigos en el barrio de Fátima y lucía pendientes con su querido número “21”. También significó la primera promesa de la cantera en la que confiar de su generación cuando las canteras eran representación del talento local. Y, como todos los talentos, siempre ha tenido que cargar sobre sus hombros el peso de la sospecha. Porque un jugador con calidad nunca parece trabajador porque todo lo hace más sencillo y porque a un virtuoso siempre se le exige más que a un tuercebotas. Y más en Córdoba, donde el envidioso rufián castiga sin misericordia al brillante a través del ejercicio de la maledicencia.De aquel Javi chaval ya no queda mucho, supongo. Tampoco queda demasiado de lo que yo era en 2006. Él fútbol ha encanecido para ambos. Flores maduró su oficio hasta conseguir una carrera exitosa trufada de altibajos -como la de cualquier profesional- y, a sus 37 años, puede presumir de cuatro ascensos e incluso de haber saboreado la máxima categoría. Pero, sobre todo, puede alardear de otra cosa que creo que es más importante: el respeto. Porque ahora que su club le ha dicho que ya no le necesita, al menos como futbolista, Javi creo que ha comprobado que era imprescindible. El anuncio de su salida ha venido acompañado de una oleada de mensajes en redes sociales en los que se ensalzaba su talante, su bonhomía y su cordobesismo. A veces -no siempre y tampoco tiene que ser así- el fútbol reparte con equidad la justicia del recuerdo. Y Javi se ha sabido ganar el cariño popular a base de sacrificio y predisposición. Nunca ha negado una explicación. Jamás ha rechazado dar la cara. Siempre ha aceptado, con deportividad y talante, ser objeto de debate como figura pública que es y será. En su despedida pública no usó una plantilla como otros jugadores (o sus representantes) sino que dedicó minutos a recordar a todos aquellos con los que ha tratado y compartido tardes de esfuerzo en pro del bien común. Un hombre de club hasta el fútbol. Un hombre de SU club.Borges decía que el pasado no se puede abolir por mucho que siempre se busquen proyectos para hacerlo. Me inquieta perder referentes como club de fútbol. Identidad. Sentido de pertenencia. El futuro en el fútbol, por muy necesario que sea construir desde el solar de la temporada pasada, siempre está sujeto al recuerdo sentimental de lo que hemos sido. Porque los que se abonen al Córdoba CF esta temporada no lo harán por lo que podemos ser, sino apelando a lo que ya hemos sido. Y parte de lo que hemos sido se explica en figuras como la de Javi Flores y sus 259 partidos.Hace unos meses Javi habló conmigo tras el último partido de Liga. Le creí como le he creído siempre. Eso ya no sucederá la próxima temporada. Ya no me queda nadie en quien tener fe porque en nadie de los que sobreviven en la plantilla identifico los valores que me hicieron sentir al Córdoba como propio. Ahora ya no queda un espejo en el que ver mi calavera. La misma, aunque más vieja, que la de 2006. Gracias por todo, Javi. Y mucha suerte.
Leer másDeportes CórdobaRSS – Noticias de Andalucía
