Esa era una de sus frases de oro para que la gente del costal se viniesen arriba, se llenaran las venas de primavera y cielo al fin, tensaran la musculatura de su fe y pasearan a la Señora de las Angustias por las calles de Sevilla como lo que era, como lo que es: la Bata dolorosa de un pueblo que la camela de ley. ¡Ole los que huelen a canela y clavo! Y ese palio tan gitano, con compás de siglos y señorío de latifundio de estrellas, dejaba a su paso los pulsos desbocados, el corazón de par en par y alguna lágrima indiscreta resbalando por la mejilla de la Giralda, que a esa hora es más gitana que… Ver Más

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