Se cumplen cien años de su muerte y por primera vez se reconstruye quién fue
Hay un castillo en Inglaterra que se creó con un solo objetivo: entretener a los invitados del barón Ferdinand durante sus famosas fiestas caseras que duraban de sábado a lunes. Se llama Waddesdon Manor y es una casa de muñecas descomunal, decorada por dentro con armas, botones y porcelanas, y rodeada por fuera de los jardines más perfectos y ambiciosos de la época. El artífice de que esto exista murió hace exactamente cien años y se llamaba Alice.Ella no se casó nunca, sencillamente porque no lo necesitaba. Tenía independencia financiera suficiente como para tres vidas consecutivas y opulentes. Su fama de perfeccionista era parte de su magnetismo: se inventó las reglas más estrictas y, al mismo tiempo, se preocupó del bienestar de sus trabajadores de una manera inusitada para la época. Igual que les obligaba a limpiar la vajilla en silencio, o les impedía tocar los muebles salvo causa justificadísima, se aseguraba de que todos tuvieran atención médica adecuada. Nadie se atrevía a llevarle la contraria por temor a sus ataques de genio pero atraía a decenas de mentes brillantes con su sentido del humor y gestionaba propiedades enteras ella sola. Su manual de conservación preventiva sigue aplicándose aún hoy en las propiedades y fincas de toda Inglaterra.Alice de Rothschild protagoniza por primera vez una exposición que redescubre su figura, hasta ahora eclipsada por la de su hermano, y los propios investigadores reconocen que ha hecho falta buscar exhaustivamente para conseguirlo: se cree que ella misma hizo desaparecer su legado u ordenó a otros que lo hicieran. Pero un siglo después es posible descubrirlo a lo largo de varias salas del castillo: “Alice’s Wonderlands” (El país de las maravillas de Alicia) es el título que reúne todos sus secretos e incluso recompone sus objetos personales favoritos.La reina Victoria se refería a Alice de Rothschild como “La todopoderosa”, y su prestigio de coleccionista solo era superado por su afición desmedida a la jardinería, que la convirtió en experta e inventora. Su prima y amiga, Constance Battersea, decía que «a su llamada, las flores parecían brotar de la tierra». Las cartas manuscritas de Alice demuestran sus profundos conocimientos de horticultura, tipos de suelo o enfermedades de las plantas; e incluso fue pionera en nuevas técnicas, como las alfombras tridimensionales.Ferdinand tenía 60 jardineros, invisibles si los invitados estaban presentes, pero tenían que apañárselas al mismo tiempo para que todo estuviera impecable: parterres recortados, cristales sin motas y pájaros silentes. Hoy los mismos jardines se cuidan con 9 personas.

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