La artista alemana Katharina Fritsch (1956), que vive y trabaja en Wuppertal y Düsseldorf, y la poeta, artista, directora de cine y activista chilena Cecilia Vicuña (1948), que vive y trabaja en Nueva York y en Santiago de Chile, han sido galardonadas con el León de Oro a la Trayectoria de la 59 edición de la Bienal de Venecia, que se celebrará del 23 de abril al 27 de noviembre. La decisión ha sido aprobada por el equipo organizador de la Bienal, presidido por Roberto Cicutto, por recomendación de la comisaria, Cecilia Alemani. La ceremonia de entrega de los premios tendrá lugar el día de la inauguración.

«Me siento muy honrada y agradecida por este premio», ha declarado Fritsch. Por su parte, Vicuña dice que «es un gran honor y una alegría para mí recibir el León de Oro, en un momento en que la humanidad está tratando de mantener la paz y la justicia contra viento y marea. Creo que nuestro arte y nuestra conciencia pueden jugar un papel en la necesidad urgente de alejarnos de la violencia y la destrucción, para salvar nuestro medio ambiente de un colapso inminente. Venecia es particularmente significativa para mí. Algunos de mis antepasados paternos llegaron a Chile desde el norte de Italia en el siglo XIX, así que aprendí de niña a amar su historia y su arte. Mis abuelos estarían muy orgullosos de este premio. Mi línea materna es indígena, por lo que estoy muy orgullosa de ser parte de la Bienal de Venecia comisariada por Cecilia Alemani, que destaca a «artistas que imaginan una condición poshumana, desafiando la supuesta condición occidental usando al hombre blanco como una medida de todas las cosas«.

«La primera vez que vi una de las obras de Katharina Fritsch en persona fue en Venecia, en la primera Bienal a la que asistí, la edición de 1999, comisariada por Harald Szeemann -comenta Cecilia Alemani-. La enorme pieza que ocupaba la sala principal del Pabellón Central se tituló ‘Rattenkönig’ (el Rey Rata), una inquietante escultura en la que un grupo de roedores gigantes se agacha en círculo con las colas anudadas, como en un extraño ritual mágico. Cada vez que me encontré con una de las esculturas de Fritsch en los años posteriores, sentí la misma sensación de asombro y atracción vertiginosa. La contribución de Fritsch al campo del arte contemporáneo, especialmente la escultura, ha sido incomparable. Crea obras figurativas que son a la vez hiperrealistas y fantasiosas: copias de objetos, animales y personas, representados fielmente en cada detalle, pero transformados en extrañas apariciones. Fritsch a menudo altera la escala de sus sujetos, reduciéndolos o ampliándolos enormemente, y cubriéndolos con colores que desorientan: uno se siente como si estuviera mirando monumentos de una civilización alienígena, o artefactos de un extraño museo poshumano».

Sobre Cecilia Vicuña, comenta Alemani que «es artista y poeta, y ha dedicado años de mucho esfuerzo a preservar la obra de escritores latinoamericanos, traduciendo y editando antologías de poesía que de otro modo se hubieran perdido. Vicuña también es una activista que ha luchado durante mucho tiempo por los derechos de los pueblos indígenas en Chile y el resto de América Latina. En las artes visuales, su trabajo ha abarcado desde la pintura hasta la performance, pasando por montajes complejos. Su lenguaje artístico se basa en una profunda fascinación por las tradiciones indígenas y las epistemologías no occidentales. Durante décadas, Vicuña ha recorrido su propio camino, con obstinación, humildad y meticulosidad, anticipándose a muchos debates ecologistas y feministas recientes e imaginando nuevas mitologías personales y colectivas. Muchas de sus instalaciones están hechas con objetos encontrados o materiales de desecho, entretejidos en delicadas composiciones donde lo microscópico y lo monumental parecen encontrar un frágil equilibrio: un arte precario que es a la vez íntimo y poderoso».

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