‘El Espejo de Asidonia-Jerez’ profundiza este viernes en la figura de este ejemplo para un pueblo tan presente e integrado en general en el territorio diocesano
Un gitano camino de los altares es, sin duda, para el pueblo históricamente errante incluso perseguido, un signo identitario que bendice dando razones sobre una bonhomía tantas veces negada como ahora más que descubierta. Hoy en día están integrados social, profesional, académica y personalmente. De modo muy especial en Jerez y su territorio diocesano. Es así como, antes de terminar de pasar de puntillas por el 25 aniversario aniversario de la Beatificación de Ceferino Giménez Malla celebrado el pasado 4 de mayo, procedemos a detenernos en ‘El Espejo de Asidonia-Jerez’ de este viernes.No te lo pierdas. Puedes escucharlo aquí. El testimonio del gitano jerezano Antonio Soto Peña, hombre de Iglesia, cofrade y vinculado desde hace décadas a la Pastoral Gitana (desde los tiempos del episcopado del recordado monseñor Rafael Bellido Caro, nos ayuda a ello.»Es un referente para nosotros, hablar de Tío Pelé pone la carne de gallina» afirma adentrándose en los valores fundamentales que adornan este figura martir del año 36: «Lo primero que era un verdadero gitano, luego que era un gitano de ley, un mártir de la fe, un hombre entregado y no solo porque lo reconociera la Iglesia católica sino porque ya anteriormente al martirio era de una vida ejemplar, un hombre al que recurría todo el que estaba necesitado y hay muchas anécdotas». Soto nos las cuenta explicando detalles de su vida, de la realidad de la integración gitana en la Iglesia y de su camino hacia la Canonización.Lo cierto es que hablamos de un hombre que nació en el norte de España, en Fraga (Huesca) y murió mártir no muy lejos, en Barbastro). Destacó por un gesto de heroísmo ante un grupo de milicianos republicanos que estaban golpeando a culatazos a un sacerdote, por lo que Ceferino los reprendió por su conducta provocando la ira de éstos; además llevaba consigo un rosario, por lo que lo tomaron preso y lo condenaron a muerte. Personas que le apreciaban le ofrecieron salvarle si abandonaba su rosario, pero se negó, sabiendo que ello le conducía a la muerte. Murió, en coherencia con la vida que había vivido, fusilado en el cementerio de Barbastro, en 1936, con el rosario en la mano, mientras gritaba su fe: «Viva Cristo Rey».Aprovechamos en el programa para dar cuenta de este documental: ‘Las florecillas del Tío Pelé’ del que es autor Jesús Cortés y que está recientemente presentado. Del mismo modo, como cada viernes, el espacio queda abierto con la reflexión semanal de monseñor José Rico Pavés, obispo de Asidonia-Jerez, así como el anuncio de la presencia de Cáritas Diocesana en la próximo Feria de la Diversidad que mantendrá sus puertas abiertas, en aaaa, del

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