Por si quedaban dudas sobre esta convergencia de intereses, en vísperas de la cumbre entre la UE y Beijing, el ministro de Exteriores ruso ha visitado a su homólogo chino
¿Ha terminado la era de la globalización tal como la conocíamos? La pregunta venía planteándose ya durante la crisis del COVID, y la guerra en Ucrania ha acentuado la tendencia: nos espera un mundo distinto al que conocimos hasta 2020. Rusia y China están decididas a alterar las reglas del juego. Por si quedaban dudas sobre esta convergencia de intereses, en vísperas de la cumbre entre la UE y Beijing, el ministro de Exteriores ruso ha visitado a su homólogo chino para reafirmar lo que ambos denominan un nuevo orden internacional “multipolar, democrático y justo”. Según ellos se trata de terminar con un mundo en el que Occidente impondría sus normas parapetándose tras una legalidad internacional que, en realidad, solo es una coartada para imponer sus intereses.Desde esa perspectiva, Rusia se considera legitimada para reclamar su propia área de influencia sin injerencias, maximizando sus principales activos: su poder militar y sus reservas de hidrocarburos. Reservas a las que va a añadir los yacimientos de gas del este en Ucrania, los segundos mayores de Europa después de los noruegos. La llamada del canciller alemán a Putin esta semana para garantizar la continuidad del suministro demuestran que la dependencia frente a Moscú va para largo. Y que si Occidente realmente cree en un orden internacional sometido al derecho, va a tener que hacer sacrificios para conseguirlo.

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