La atención primaria se debe mejorar, pero hacen falta propuestas viables más que proclamas ideológicas
Los sindicatos de clase, desaparecidos durante la huelga de transportistas y las protestas del campo, han reaparecido en una manifestación en defensa de la atención primaria sanitaria. Estas marchas tenían por objeto la reclamación al Gobierno de más inversiones en Sanidad, pero no ha faltado a la cita el ministro de Consumo, Alberto Garzón, para hacer visible la falaz alarma de la izquierda sobre la supuesta amenaza que se cierne sobre el sistema público de salud.Es una vieja cantinela que coloca en el punto de mira a algunas Comunidades autónomas, especialmente la de Madrid. Ya parece olvidado el sarpullido de celos de esa izquierda cuando la presidenta madrileña inauguró el hospital público «Isabel Zendal», que tan brillante servicio ha realizado durante la pandemia.La atención primaria se debe mejorar, pero hacen falta propuestas viables más que proclamas ideológicas. Y también es conveniente la colaboración entre el sector público y la iniciativa privada en el campo sanitario, como sucede en los principales países de nuestro entorno. Lo llamativo es que quien gobierna España es una coalición de izquierdas que, se supone, hace de la defensa de lo público una seña de identidad. Sin embargo, eso es una falacia cuando se examina la marcha de la economía, jalonada de parches, improvisaciones y demoras, en detrimento de lo realmente público: la atención al bien común, sin plegarse a absurdas contraposiciones ideológicas.

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