Ha muerto a los 73 años el matador de toros madrileño Gabriel de la Casa. Hijo del torero Morenito de Talavera, desde muy niño jugaba a los toros con su hermano José Luis hasta que en 1963 se enfundó por primera vez el traje de luces.

Después de pisar la antigua Chata de Carabanchel, debutó en Las Ventas el 19 de marzo de 1965, en un manos a mano con su hermano ante novillos del Pizarral y Arturo Sánchez. La alternativa llegó el 9 de agosto de ese año en Manzanares, con Manuel Benítez ‘El Cordobés’ de padrino y Víctor Manuel Martín de testigo. ‘Quebrado’, de la ganadería de los herederos de María Montalvo, se llamó el ejemplar de la ceremonia, en una exitosa tarde en la que cortó cuatro orejas y un rabo.

De la Casa confirmó la alternativa en Madrid el 15 de mayo de 1969 de manos de Serranito y en presencia de Tinín. Los toros eran de José Luis Osborne. «No acertó con el acero el novel diestro al matar tal astado (‘Jazminito’), pero sí en el que cerró el espectáculo, del que le concedieron una oreja», cuenta el ‘Cossío’.

Cartel en China
El matador madrileño, un torero con elegantes maneras, tuvo mucho predicamento en los ruedos de América y logró, entre otros, el trofeo de la feria colombiana de Manizales. Ya retirado -su último paseíllo fue en 1995-, ejerció de apoderado y se aventuró en organizar la primera corrida de toros en China, concretamente en Shanghái, en octubre de 2004. José Ignacio Ramos, Guillermo Albán e Iván García abandonaron a hombros el estadio donde se celebró. Así lo contábamos en ABC:

«Se abrió el portón de cuadrillas y el ruedo fue una lluvia de flashes. Numerosos medios de comunicación se concentraron en la plaza para presenciar un espectáculo que había despertado gran expectación en China. El Imperio Celeste acogía la primera corrida de toros de su historia. El brillo de los ternos y las luces de las cámaras fotográficas transformaron en un arco iris el Estadio de Atletismo de Shanghái, que registró tres cuartos de entrada (más de 10.000 personas). El público observaba fascinado el colorido de los trajes de torear y los capotes de paseo de los hombres de oro y plata.

‘¡Oooh!’, exclamaban desde los tendidos entre un continuo runrún y algunas risas. Finalmente no fue una corrida puramente española. Varias protestas en contra de la celebración de la «doù niú» (corrida de toros), que curiosamente llegaban de fuera de las fronteras chinas, hicieron que las autoridades locales sugirieran que «la muerte del toro se dejara para otra ocasión». También se decidió que sólo se lidiasen tres astados -que fueron incinerados-, para comprobar la reacción del público. Dado el éxito, hoy se torearán otros tantos«.

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