El poeta y escritor presenta este viernes su primera novela: La madre del futbolista: El fútbol nos vuelve locos porque se parece mucho a la vida
El escritor Pablo García Casado, reconocido por su faceta de poeta como uno de los autores cordobeses más importantes de las últimas décadas, ha dado el salto a la novela con “La madre del futbolista”, una obra en la que el fútbol sirve para establecer un diálogo entre una madre y un hijo y que será presentada este viernes en la República de las Letras a las 20:00 horas.-Antes de nada, la portada con esa preciosa camiseta del Nottingham Forest ha llegado bendecida porque el Forest acaba de volver a la Premier 23 años después-Cuando estaba terminando la novela en octubre era el último de la segunda división inglesa y cuando salió de imprenta el libro era el día del ascenso. Nos hemos dado suerte el Forest y yo.-El Forest tiene que ver con la novela, ¿no?-El futbolista de la novela es un adolescente que encuentra un padre que no es su padre en un viejo inglés que es hincha del Nottingham y que le cuenta las hazañas de ese Forest que ganó dos Copas de Europa y luego volvió a Segunda. Habla de ese fútbol de los setenta y ochenta en el que yo me crié y ya no existe.-Muy poético el Forest. El único club con una única Liga y dos Copas de Europa.-El Forest tiene mucho de poético porque fue el primero que vistió de rojo por el líder italiano revolucionario Garibaldi. Tiene que ver con el bosque de Nottingham y la idea de Robin Hood de quitarle el dinero a los ricos y dárselo a los pobres. Es un equipo muy querido en Inglaterra porque es muy errático y le pasa lo más triste y las cosas más hermosas. Estamos muy contentos con el libro.-¿Qué nos da el fútbol que nos vuelve locos? ¿Qué hace, de paso, que se haya convertido en excusa para contar la vida a través del rodar de una pelota?-Porque el fútbol se parece mucho a la vida. En el resto de los deportes, eso lo decía Paul Auster, se gana o se pierde, pero en el fútbol -como en el balonmano- se puede empatar. Y el empate tiene mucho que ver con la vida, porque en la vida casi nunca se gana ni se pierde del todo. La posibilidad de que uno juegue un gran partido y pierda o un mal partido y gane tiene que ver con la vida y eso lo va aprendiendo el protagonista de la novela, que se encuentra atrapado por la pandemia pero quiere ser una estrella mundial.-Te leí en Cordópolis decir que un novelista tiene más sitio para equivocarse.-Un novelista puede equivocarse, pero tiene que tener una visión de conjunto mucho mayor que un poeta. Un poeta debe resolverlo en veinte o treinta versos y la estructura no necesita. En una novela no puedes equivocarte en la trama, porque al protagonista no puedes cambiarlo de sitio porque sí o cambiarle la edad. Los novelistas eso lo aprenden y los poetas tardamos tiempo en aprender. Yo he tardado más de veinte años, porque requiere mucho esfuerzo escribir una buena novela.-¿Qué va a encontrar un lector al que el fútbol ni fú ni fá que le enamore en una novela llamada “La madre del futbolista”?-Va a encontrar una novela en la que está el pacto entre la madre y el hijo. Una madre que no sabe cómo relacionarse con su hijo y un hijo que debe redescubrir a su madre y a lo que ella ha tenido que renunciar por su hijo. Es una novela de personajes que tiene escenas un poco más duras de lo normal. Espero que se enamoren de los personajes como yo me enamoré de ellos.-¿Dónde encaja el VAR en ese fútbol que se parece a la vida?-No estoy de acuerdo con el VAR. Soy del Madrid y cuando nos favorece salto de emoción, pero el VAR desnaturaliza lo que significa el fútbol en sí, el error. Si se equivocan los jugadores y los entrenadores, ¿por qué no se va a equivocar el árbitro? Hay algo calvinista en el VAR que no me gusta. El fútbol antiguo asumía el error y que la vida podría ser injusta. El VAR es algo que viene del norte de Europa y no me gusta. El fútbol antiguo tenía más que ver con el pecado y la redención.-¿Cuál es el futbolista más significativo desde el punto de vista literario?-Hay futbolistas inmensos y muy extraños como Fenoy, al que no le gustaba el fútbol. A mi me gustan esos, los que van a entrenar como si fueran a una oficina. Y el jugador que más me ha enamorado ha sido Raúl González Blanco, aparte de porque soy madridista, porque era un hombre consciente de sus limitaciones y que no era regateador, cabeceador ni velocista pero tenía una intensidad y unas ganas de ganar que no se las he visto a otros futbolistas. Cambió el fútbol para muchos.

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