Es domingo por la tarde. De esos domingos que se arrastran lentamente hacía un inexorable lunes tedioso y poco atractivo. El fin de semana de María no ha sido para tirar cohetes. María siempre ha pensado que el fin de semana debería tener tres días: uno para limpiar, otro para divertirse y otro para descansar; pero lo cierto es que el fin de semana de María solo ha tenido dos días, uno para limpiar y hacer la compra y otro para descansar. María acaba de enviarle un mensaje a su expareja. Lleva toda la tarde en el sofá. Está cansada y aburrida. Lleva todo el día en pijama. No ha parado de comer. Vaya fin de semana más tonto. Estaba mejor con Carlos. A ver si me responde.

Después de conducir durante horas, Carlos y su grupo de amigos por fin ha llegado a esa casa rural tan bonita en la que estuvieron hace un par de años. Es tal cual la recordaban. Nada más llegar se han repartido las habitaciones y han descargado el coche. Nadie se ha dado cuenta de que han renovado por completo la decoración. La crisis de la Covid pasó factura a la antigua propiedad y ahora la casa está regentada por una pareja de franceses jubilados.

María y Carlos tienen una cosa en común: que se fían demasiado de sus recuerdos.

María ya no se acuerda de los continuos desprecios y faltas de respeto de Carlos. María ya no se acuerda de aquella vez que tuvo miedo de que le pegara. María ya no se acuerda de que la convivencia con Carlos era imposible.

Carlos y su cuadrilla creen que se acuerdan de la casa pero lo cierto es que ni tan solo han sido capaces de percibir que hay dos nuevas habitaciones. Amelie y Jean Pierre han cambiado la panceta del desayuno por cruasán de mantequilla, la barbacoa de carne por Tartiflette y la sopa castellana de cenar por Ratatouille. Mientras Carlos está instalándose en su habitación ha pensado en María. ¡Era tan intolerante! Era demasiado sensible y exigente. Lo mejor que pudo hacer era separase de ella.

Los recuerdos siempre son diferentes a lo que pasó en realidad. Lo que pasó ya no existe. Es más, lo que pasó dejó de pasar apenas un instante después de haber pasado. Sí, una vez percibido el hecho objetivo que ha sucedido dejamos de trabajar con la realidad para pasar a trabajar con la representación de la realidad que se ha formado nuestro cerebro. La realidad deja de existir en el momento en el que la interpretamos junto a todos nuestros fantasmas y demonios, deseos y miedos, aspiraciones y expectativas.

Y una vez interpretada la guardamos en nuestra memoria. Sí, guardamos esa interpretación completamente cargada de significado, emociones y connotaciones tan personales que nadie más puede comprenderlas. Ante un mismo hecho diferentes personas pueden tener diferentes vivencias subjetivas y por tanto diferentes recuerdos.

Así influye tu estado de ánimo
Pero el tema no termina aquí. La distorsión, en temas de memoria, se produce cuando guardamos la información pero también cuando la recuperamos. Nuestro estado de ánimo condiciona la información que vamos a recuperar así como la adecuación a la realidad de esa información. Si estamos tristes teñiremos de tristeza ese recuerdo. Si estamos eufóricos le daremos color a esa memoria.

Si bien nos podemos fiar poco del presente y de nuestras percepciones, no podemos fiarnos en absoluto de nuestra memoria, nuestros recuerdos y nuestras remembranzas.

Pero lo peor de todo es que podemos llegar a basar nuestra vida en nuestros recuerdos. Nuestras decisiones, nuestra pareja, nuestra existencia, nuestros proyectos y nuestro futuro pueden depender de nuestros ilusorios y faltos de objetividad recuerdos.

Ten cuidado no vayas a tomar tus decisiones, vivir tu vida o decidir a quien amas en función de tus recuerdos… Te equivocarás seguro.

Si me aceptas un consejo te animo a que dejes el pasado en el pasado. Pensar bonito tiene más que ver con vivir en el presente que en el pasado. Quizás ahora puedas entender porqué nunca suelo trabajar con el pasado de mis clientes… Pensar bonito supone dibujar un futuro que despierte ilusión con proyectos amables e inspiradores. Pensar bonito también es centrarse en un presente estimulante disfrutando de cada instante de la vida. Pensar bonito no es vivir en un pasado que atormenta, un pasado que distrae de la vida, un pasado que esclaviza. Pensar bonito es vivir bonito.

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