De los cerca de 500.000 millones de metros cúbicos de gas que consume Europa cada año, un 40% proviene de Rusia
La guerra en Ucrania sigue provocando consecuencias económicas a nivel internacional, la última de ella vinculada al gas proveniente de Rusia. El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha prohibido este martes las importaciones de petróleo, gas natural y carbón desde Rusia como castigo al inicio de la guerra, una decisión a la que se ha sumado Reino Unido. Boris Johnson ha anunciado que su veto al petróleo se llevará a cabo a partir de final de año, mientras que la decisión de EEUU tiene efecto inmediato, cancela las entregas de contratos existentes y bloquea cualquier nueva compra que se pueda realizar. Por su parte, Europa no se ha sumado a la medida debido a su gran dependencia de Rusia, tanto en gas como en petróleo. Las importaciones procedentes del país liderado por Putin suponen un 29% del total de las que realiza Europa. Según el último informe del BP Statistical Review of World Energy, durante 2020, Rusia vendió a Europa el 53,15% de sus exportaciones, lo que supone 138,2 millones. Su segundo mayor cliente es China, con un 32%, mientras que Estados Unidos solo recibió 3,7 millones. Al realizar el anuncio, Biden ha destacado la capacidad de su país como «exportador neto de energía», ya que son el mayor productor de petróleo del mundo. Un hecho que les permite prescindir de Rusia como país importador, al contrario de lo que puede hacer Europa. La dependencia de Europa del gas rusoDe los cerca de 500.000 millones de metros cúbicos de gas que consume Europa cada año, un 40% proviene de Rusia, aunque se trata de un porcentaje que varía en función de cada país y que aumenta hacia el este. Por ejemplo, Alemania supera la media europea, mientras que España se queda bastante por debajo, ya que recibe parte del suministro de Argelia.La realidad es que el continente tiene una dependencia enorme de Rusia, muy difícil de suplir. «No hay ningún otro país que pueda suplir a Rusia en cuando a exportación de gas a Europa», asegura Jorge Morales, experto energético y director de ‘Próxima Energía’.¿Cuál sería el coste de prescindir del gas ruso en Europa?El coste para Europa de recuperar la independencia energética sería superior al billón de euros en inversiones durante los próximos años. Además, supondría un notable aumento de la factura energética, mayor al actual, que derivaría en un ajuste del consumo que podría suponer el cese de ciertos sectores industriales.Otro punto que hace difícil dejar de depender del gas ruso es el nivel de reservas. En los últimos meses, Putin ha ido reduciendo el suministro hasta niveles mínimos, provocando que las reservas actuales estén muy por debajo de las cifras de años anteriores. A efectos prácticos, esto significa que si Rusia cortara el suministro de gas a Europa, el continente podría quedarse sin stock en un par de meses, derivando en un corte de suministro.Un corte que supondría «muertes por frío en Alemania», apunta Morales. En España, la situación no sería tan grave, puesto que nos acercamos al final del invierno, pero el gran problema aquí «lo tenemos con el precio». «Por suerte, esto se ha dado al final del invierno. Si se hubiera dado en octubre habríamos visto muertes por frío, sin duda», añade el experto.En caso de llegar a una situación de emergencia, en la que tener que racionar el gas ruso, podría afectar a instalaciones domésticas de calefacción, así como al cierre temporal de instalaciones industriales como siderurgia o metalurgia.Posibles alternativas al gas rusoEn los próximos meses va a ser muy difícil prescindir del gas ruso, pero lo que sí podría empezar a plantear Europa es una estrategia de cara al próximo invierno. El primer paso es buscar otros proveedores, como ya está haciendo la Unión Europea, en países como Qatar, Argelia o Estados Unidos, aunque a nivel de volumen, ninguno puede sustituir a Rusia.Hay que tener en cuenta que la mayor parte del gas está vinculado con contrato a largo plazo, por lo que lograr un nuevo contrato actualmente con un país que no fuera el de Putin supondría quedarse con un pequeño porcentaje de suministro. A esto hay que añadir las dificultades de transporte del gas por Europa, principalmente por gaseoductos que funcionan de este a oeste. Además, en cuanto al almacenamiento, está diseñado, en su mayoría, para mantenerlo de manera gaseosa, por lo que los proveedores tienen que estar en la red de gasoductos.En España, tenemos una dependencia menor del gas ruso de la que tiene la media de Europa, pero el problema principal «es que la luz sigue vinculada con el gas de forma directa cuando en realidad para producir luz con gas solo utilizamos el 25% de la energía eléctrica», como apunta Jorge Morales. Además, en España, un alto % de la energía que produce la luz proviene de «las renovables y la nuclear, que no tienen nada que ver con lo que pase en el exterior».

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