Manuel Alejandro, el gran escribidor de canciones, cantó y grabó hace muchos años. Pensó entonces que tenía una voz «que no decía nada, que no era por ahí». Pero ahora ha decidido que podía ser por ahí. Sólo un día. El jerezano fue pianista en un puticlub durante su juventud. Ahora tocaba el Teatro Real, donde contó y cantó sus canciones, su vida. Lo que siempre ha hecho cuando han ido los intérpretes a su casa a escucharlas por primera vez. Como si nos hubiéramos colado en su intimidad. Con 90 años e infiltrado en el hombro del brazo bueno. Solo en el Steinway. Con su manta mexicana. Solo en el escenario. Todo ese pelo, todo ese talento. «Un atraco y una osadía» era lo que iba a hacer. Desde la canción que le escribió a una tal Conchita que se fue a La Toja y volvió con novio. O ‘Así nacemos’, para Julio Iglesias. O ‘Soy rebelde’, la canción protesta más suave que se ha escrito, dijo. El clásico que al principio Jeanette no quería cantar.

«No me levanto a responder a vuestro aplauso porque tendríamos que llamar a una grúa» (había llegado apoyado en una de sus hijas). También avisó de que había un ruido que no le dejaba oír el piano, un hombre tan acostumbrado al silencio del estudio. Fue justo antes de ponerse con ‘Voy a perder la cabeza por tu amor’. Entre haces rojos de luz, como si Tom Cruise fuera a hacer contorsiones para que no saltara la alarma. Entre el público, Miguel Poveda, José Mercé, Bisbal o Víctor Manuel, que iba con Edu Galán (los asturianos se ve que van por colleras). También estaban las hijas del maestro y Soledad Jara, viuda de Paco Gordillo, el hacedor de estrellas de la canción española.

Otra vez Jeanette. ‘Frente a frente’. Después empezó a declamar ‘Se nos rompió el amor’ y el público se vino arriba. Al maestro le gusta más la versión de Rocío Jurado (también estaba Rociito) que la de Bernarda y Fernanda de Utrera, pero porque sus canciones en flamenco no le llenan. Elogió a Raphael, que tiene Covid, y se puso a cantar ‘Yo soy aquel’. Y una para Julio Iglesias. «Se la escribí cuando estaba moreno todos los días». Era ‘Que no se rompa la noche’. Y una revelación: «Yo estaba con él todo el tiempo… y nada de nada». Siguió con Julio. «Yo creo que a esta canción le sobra la música». Y recitó ‘Voy a llenarte toda’, cuyo título es más lúbrico que la propia canción.

Habló de los celos y tocó ‘Cuando vayas conmigo’. Un poco después ‘Lo siento, mi amor’. Y una trata de imaginar el momento en que se la mostró a Rocío Jurado. Dio igual si de pronto se le fue la letra («no me acuerdo de la canción»). Pero siguió y el aplauso fue tremendo. Continuó con ‘Procuro olvidarte’, que escribió para el nicaragüense Hernando Zúñiga. Después de ‘Como yo te amo’, se levantó. Y el público, también. Vinieron de México, de la Sociedad General de Autores y Compositores, a dar el premio Gran Maestro a «uno de los mejores compositores de los últimos dos siglos». Y aquí el Princesa de Asturias se lo dan a Marina Abramovic. A ver qué se les ocurre este año.

Ver anoche a Manuel Alejandro, con su debilidad, con su fuerza, era como haber visto a George Gershwin, a Cole Porter o a Consuelito Velázquez. De ella son ‘Bésame mucho’ y ‘Que seas feliz’, canciones que a Manuel Alejandro le habría gustado escribir.

Casi se fue, pero volvió al piano para despedirse con ‘Háblame del mar, marinero».

Manuel Alejandro contó y cantó el amor y el desamor que otras veces han cantado Raphael, Rocío Jurado, Julio Iglesias, Pepa Flores, José José, Jeanette, Lola Flores, Bernarda y Fernanda de Utrera, Natalia Lafourcade… Ayer le tocaba a él. Cuando se fue, el dolor de hombro todavía seguía allí.

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