La historia de Alberto Turkstra es la de un ciudadano hispanoholandés, atrapado en el aeropuerto de Moscú, después de que el avión en el que volaba de regreso a su domicilio de Bruselas tuviera que regresar a la capital rusa debido al cierre del espacio aéreo en gran parte de Europa por la guerra en Ucrania.
La historia de Alberto Turkstra es la de un ciudadano hispanoholandés, atrapado en el aeropuerto de Moscú, después de que el avión en el que volaba de regreso a su domicilio de Bruselas tuviera que regresar a la capital rusa debido al cierre del espacio aéreo en gran parte de Europa por la guerra en Ucrania. Este periodista de madre española y padre holandés, y antiguo consultor de la Comisión Europea en la zona de Eurasia, volvía de Kazajistán a través de Moscú (Nursultán-Moscú-Bruselas). Durante las cinco hora de escala en la capital rusa, Bélgica ha cerrado su espacio aéreo obligando a la compañía Aeroflat a buscar un vuelo alternativo y cuando estaban ya volando Europa ha cerrado todo y ha obligado al piloto a dar la vuelta cuando sobrevolaban Finlandia y regresar otra vez a Moscú. Una «aventura» que el propio Turkstra se toma con humor, porque, como él mismo ha reconocido en una conversación telefónica con EFE, «preveíamos que algo de esto podía pasar», aunque lo que se explica, en cambio, es que «llegáramos a despegar teniendo en cuenta cómo se estaban poniendo las cosas». «Si lo sabíamos nosotros, los pasajeros, la compañía también tenía que saber fehacientemente que este problema iba a ocurrir sí o sí», añade. «Y ahora estamos aquí otra vez esperando a ver qué solución nos dan porque, claro, prácticamente toda Europa tiene cerrados sus espacios aéreos y, aunque sé que al final lograré volver a casa, no es plato de buen gusto estar en una ciudad que está en guerra», reconoce. La solución más viable es hacer noche en Moscú y mañana a primera hora volar a Estambul, donde el espacio aéreo no está cerrado, y desde allí a Bruselas. «El problema es que ahora no podemos reclamar nada, todos estos gastos corren de nuestros bolsillos. Y menos mal que tenía efectivo para hacer frente a lo que me venga de aquí a mañana, porque las tarjetas de crédito ya no funcionan aquí», apostilla. La de Alberto Turkstra es la historia que decenas de ciudadanos de muchas partes de Europa están atravesando actualmente después de que numerosos países, incluida España, hayan procedido a cerrar sus espacios aéreos a las aerolíneas rusas debido a la guerra que mantienen que Ucrania. EFE jlp/may

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