Tantas cosas han pasado desde entonces que es fácil, y comprensible también, que a estas alturas pocos se acuerden de que cuando, el pasado mes de octubre, la Academia Sueca falló el premio Nobel de Literatura de 2021, Abdulrazak Gurnah (Zanzíbar, Tanzania, 1948) –el autor galardonado, para los aún más desmemoriados– no tenía editorial en español. Las novelas del escritor tanzano estaban descatalogadas en nuestro país desde hacía tiempo, y los derechos en español de su obra llevaban libres más de una década. Ante semejante oportunidad, la editorial Salamandra se hizo con tan preciado botín e inició, al poco, la recuperación de todos los libros de Gurnah, comenzando por ‘Paraíso’ (1994). El feliz reencuentro de los lectores españoles con el Nobel continúa ahora con ‘A orillas del mar’ (2001), en la que se narra la historia de Saleh Omar, un comerciante de 65 años que llega al aeropuerto londinense de Gatwick huyendo de la isla de Zanzíbar, tierra natal del propio Gurnah.

Y para hablar de ella, su autor, poco dado a asomarse a los medios, concedió una rueda de prensa telemática en la que estaban presentes, claro, casi cien periodistas de todo el mundo hispano. El flamante Nobel llegó a Reino Unido como exiliado con 18 años, y ese desarraigo ha marcado su vida… y su obra. «Es algo que les puede ocurrir a las personas cuando están sólo a 10 o 15 kilómetros de casa, pero a mí me interesan los movimientos más amplios, las personas obligadas a abandonar sus países por guerras u otras razones. Fue mi experiencia personal, a lo largo de toda mi vida adulta he tenido que lidiar con ese desarraigo. Pero les pasa a personas de todo el mundo, es un fenómeno global, llevamos muchísimos años viéndolo».

Gurnah pone el ejemplo actual de los inmigrantes que «viajan del sur del mundo a los países del norte» y son recibidos, «en algunas partes de Europa, con una cierta reticencia» que «no es ninguna novedad». «Esa reticencia –continúa el escritor– responde al racismo ante la aparición de esas personas en Europa. No todos los países han reaccionado así. Alemania lo hizo muy bien con los sirios, también España y Portugal… Pero en algunos países se habla de estas personas como delincuentes, como si estuvieran aquí para arruinar nuestras cómodas vidas». Una reflexión que lleva, inevitablemente, a pensar en los tres millones de ucranianos que se han visto obligados a abandonar su país por la invasión rusa. Ante esas imágenes que estos días inundan nuestras pantallas, Gurnah siente «compasión, como todos. ¿Qué más puede uno sentir cuando ve algo que es sin duda un ataque cruel y malévolo contra los hogares de tantas personas? Es terrible ser testigos de esto».

Si bien el autor de origen tanzano desliza un matiz, tal vez fundamental. «En cierto modo, los ucranianos tienen suerte por una razón, y es que muchos han respondido con compasión en sus países vecinos, pero no todos los pueblos son tan bien recibidos. Sólo se puede sentir tristeza al ver que una vez más se obliga a estas personas a huir de sus países y perder a sus seres queridos. Para mí no resulta sorprendente que los países europeos muestren más simpatía por los ucranianos, son sus vecinos, a veces casi parte de su familia. Pero es triste que ese tipo de hospitalidad, de preocupación humana, no se extienda también a los afganos, a los sirios o a los iraquíes que aparecieron en la frontera entre Polonia y Bielorrusia. Ha servido para exponer, en cierto modo, esa actitud parcial o sesgada hacia las personas de otros países».

Humanizar el lenguaje
Cuando ‘A orillas del mar’ fue publicado en inglés, hace más de veinte años, ‘The Observer’ dijo que era «un manifiesto poético contra la tiranía del lenguaje cuando se utiliza como una herramienta de los estados». Pero, ¿qué papel les corresponde a los intelectuales, a los escritores, cuando la tiranía de los estados conduce a guerras como la que ahora estamos viviendo? «Uno no puede tirar un libro a un tanque para pararlo. La literatura no puede intervenir contra la tiranía de ese modo, a través de la fuerza, pero puede aclararnos cosas para que después nosotros luchemos si queremos hacerlo. No creo que una persona autoritaria se lea un libro y decida cambiar. Lo que sí puede hacer la literatura es informarnos para que no permitamos que los tiranos abusen de nosotros».

En ese sentido, y dada la distancia, a veces abismal, entre el conocimiento académico y la cultura popular, «la literatura permite humanizar el lenguaje para que las personas puedan entender mejor el mundo. Ese es el puente que ofrece la literatura, nos conecta con cosas que no sabemos y nos permite entrar en esas experiencias de un modo que el mundo académico no siempre puede ofrecer».

Lo dice el primer escritor africano negro que gana el Nobel de Literatura en más de 30 años. Una llamativa circunstancia que Gurnah confiesa no saber a qué responde, aunque supone que «lo que muestra es que en la Academia Sueca las decisiones en general son europeas. Pero, ¿cuántos indios o chinos o japoneses han ganado el Nobel de Literatura? La pregunta es por qué han sido siempre los europeos». ¿Y la respuesta? «Creo que es obvia, porque eso expresa que a las producciones literarias no europeas se les da un valor muy pequeño. Pero eso es así, no se puede dar la vuelta a la historia. Es expresión del provincianismo de la Academia Sueca, sobre la cual no quiero decir nada que sea crítico».

A Gurnah el Nobel le ha cambiado la vida. «Es un gran honor, me ha hecho muy feliz. Es maravilloso que haya tantas personas que quieran leer mi obra y hacerlo en sus propios idiomas, es el sueño de todo autor». Pero ansía «volver a tener tiempo para escribir».

Por

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Abrir chat
¿ Hablamos ?..
Cope Écija
Hola, ¿ En que podemos Ayudarte ?