El anuncio de la sentencia, en el contexto de la invasión de Ucrania, es un mensaje que Putin envía a quienes en Rusia mantienen un pulso desigual oponiéndose a una guerra injusta
La sentencia de nueve años de prisión que ayer se dictó en Moscú contra el líder de la oposición rusa, Alexei Navalny, después de un juicio sin garantías procesales, es un síntoma de la represión que están sufriendo muchos sectores de la sociedad civil bajo el régimen de Vladimir Putin. Navalny, que en el año 2020 sufrió un envenenamiento con un agente nervioso que la inteligencia rusa había utilizado ya para acabar con la vida de otros disidentes, se ha convertido en un icono de una sociedad que lucha por la democracia, en un país cuyos líderes no parecen haberse despegado de las formas de gobierno del pasado comunista.El anuncio de la sentencia, en el contexto de la invasión de Ucrania, es un mensaje que Putin envía a quienes en Rusia mantienen un pulso desigual oponiéndose a una guerra injusta y a las decisiones políticas internas contrarias al ejercicio de los derechos fundamentales.La actitud de Putin en esta guerra está dejando al descubierto sus más arraigadas pulsiones dictatoriales e imperialistas. Su proyecto de construir su propia imagen de la Gran Rusia no admite la oposición de quienes defienden la libertad y la dignidad humana, que están pagando un alto precio. Tanto Europa como Estados Unidos deben aprender las lecciones de su condescendencia pasada con quienes se creen instalados en la impunidad.

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