Abrigo con solapas de ‘brillibrilli’, pantalones como de domador de circo recién salido de la sastrería, pie de micro con más pedrería que un almacén de Swarovski, reloj y pulsera que, así a ojo, darían para cubrir el PIB de algún país chiquitín… ‘Hawái de vacaciones y Maluma en su salsa.
Maluma gustándose desde el minuto uno. Desde antes incluso, con ese vídeo introductorio pelín ‘egotrip’ que resumía su meteórica carrera y anunciaba al público que Juan Luis Londoño Arias, Maluma para los amigos, ‘Papi Juancho’ en su último disco, había venido a entregar su corazón. Sí, tal como suena.

«Me hicieron demasiada falta», dijo al poco con una de esas sonrisas en las que parece imposible que quepan tantos dientes. A primera vista, el trato parecía justo: él ponía el corazón y el público las ganas y las gargantas. Choque de manos, brazos en alto a modo de aprobación y al final felices todos, felices los 18.000 que, según la organización, subieron a Montjuïc entre truenos y granizo y se tropezaron con un caribe sintético, soleado y saturado de colores chillones bajo la cubierta del Palau Sant Jordi.

Una vez dentro del recinto, aires de superproducción con un escenario en forma de cruz luminosa situado en el centro de la pista. Llamaradas, chorros de vapor y jaleo cromático. Un poco de confeti y un piano de cola blanco. Ocho bailarinas arropando al cantante colombiano y siete músicos fuera de plano, repartidos por los bajos del escenario. También, para que no se diga, tres cuartos de hora de retraso y la expectación propia de una actuación prevista para marzo de 2020 pero que ha necesitado dos años y otros tantos aplazamientos para poder materializarse. No, a nadie parecían preocuparle demasiado los memes absurdos de cuando intentó mediar entre Residente y J Balvin, los versos de amor tóxico o el eterno debate sobre si sus letras son o no machistas.

El cantante colombiano, durante su actuación

Gorka Garín
Noche redonda, pues, para un Maluma estelar y seductor, un astro latino que se sabe protagonista mientras exhibe perfil canalla en ‘Madrid’, se reivindica como romántico a su manera en ‘Corazón’ y le sube o baja las revoluciones a su reguetón de estadios echando mano de éxitos como ‘Vente pa’ ca’, ‘Hola Señorita’, ‘Felices los cuatro’, ’11 PM’, ‘Mama tetema’.. Amor, despecho, promiscuidad…¿ Quién da más? No hace falta responder, porque ahí está Maluma, reconvertido de pronto en reguetonero de proximidad abrazándose a los fans de las primeras filas y bailando con un mujer de 81 años durante ‘Borro cassette’ porque, ya lo dijo el astro , para perrear solo hacen falta ganas y caderas.

«No me gusta meterme en temas de política ni de religión, pero si de algo estoy seguro es que la guerra no es la solución. El amor es la respuesta», dijo justo antes de licenciarse como baladista esponjoso en ‘ADMV’. Porque otra cosa que hace Maluma es hablar. Mucho. Tanto habla que, vaya paradoja, le acaba echando el freno a lo que debería ser un festín de puro ritmo. Traqueteo fogoso y sofocos sincopados. Una apisonadora inapelable mientras duran canciones como ‘Chantaje’ pero que se queda sin fuelle en cuanto el colombiano se pone a parlotear. Pero bueno. También ahí se le ve en su salsa. Gustándose. Encantado de oírse decir cosas como «salut i força al canut».

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