Frente a la barbarie humana, la mejor cara del ser humano; contra el propósito más sanguinario de Vladimir Putin, la propuesta mundial más solidaria. Ya son muchas las historias que se han contado sobre labores benéficas y filantrópicas que giran alrededor de la guerra de Ucrania, viajes al epicentro bélico que merecen ser plasmados negro sobre blanco. En este caso, la ‘Operación Halina’.

Halina es el nombre de una cuidadora ucraniana que desde hace un mes trabaja para un hogar de la plaza Rafael Salgado, en el barrio de Bami. «Las cosas que pone Dios por delante», explica Alejandra Núñez. Ella es nieta de la mujer a la que Halina cuida. Casualmente, esta ucraniana llegó a esta casa sólo unos días antes de que comenzara el asedio ruso. Cuenta esta sevillana que tras los primeros bombardeos Halina «comenzó a ponerse muy nerviosa y a llorar. Tenía allí a toda su familia y nos rogaba ayuda para poder traerla».

Alejandra Núñez tiene un negocio en Tarifa, cerrado hasta Semana Santa. Tras la rogativa de la mujer ucraniana se sintió en la obligación moral de volver a casa de su abuela para ayudar a Halina. En principio intentaron gestionar el alquiler de unas furgonetas o la compra de unos pasajes de avió
n para los nueve familiares de la cuidadora. El coste era tremendo. Es en ese momento en el que surge la idea del también sevillano Arístides Bermejo, con experiencia profesional para una movilización de tal envergadura.

Fundación Alalá
Se dan cuenta que por el precio de los billetes de avión podrían fletar un autobús completo; y en vez de nueve personas, traer a sesenta. A través de Blanca Parejo consiguen que la Fundación Alalá habilite un espacio en su página web para canalizar la recepción de donaciones económicas. Las aportaciones fueron tan cuantiosas que incluso les permitió contar un segundo autobús (la empresa Rosabús les cedió gratuitamente el primero, teniéndose que costear sólo conductores y gasolina).

Los autocares fueron cargados de alimentos y materiales de primera necesidad. Tan apretados como fueron, volvieron. Desembarcados los productos, embarcaron hasta ciento diez pasajeros. Madres con hijos menores de edad, en su mayoría. «La experiencia más dura y, a su vez, bonita de mi vida», explica Alejandra Núñez. En los vídeos de sus redes sociales se muestra la entereza de estas familias durante los tres días que tardaron en recorrer los casi 3.500 kilómetros que distancia Sevilla de la frontera de Polonia con Ucrania.

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