El Colegio de Abogados de Sevilla ha vivido hoy su fiesta grande. El coronavirus obligó el pasado 8 de diciembre a suspender los actos con motivo de la patrona de la corporación, la Inmaculada Concepción. El día escogido para retomar dicha celebración ha sido este viernes y ha servido de pretexto para homenajear a quienes llevan medio siglo entre pleitos.

Entre los once abogados que han cumplido 50 años, «media vida», como colegiados en esta edición se da la circunstancia de que hay dos hermanos, Javier Vega de la Peña y José Antonio Vega de la Peña. Los otros dos hermanos también estudiaron Derecho en la Universidad de Sevilla. De hecho, durante más de una década, a mediados del siglo XX, siempre hubo un miembro de la familia Vega de la Peña en la facultad de Derecho.

Pero en la lista de homenajeados, además de los dos hermanos Vega de la Peña, se encontraban también nombres ilustres de la abogacía sevillana como Francisco Ballester, experto en Derecho Mercantil y fundador con Manuel Olivencia del bufete Olivencia-Ballester; o la abogada laboralista Aurora León. José Andrés Carmona Velasco, Antonio Coveñas Casaseca, Nicolás Domínguez Ternero, Ángel López López, Juana Pozo Solís y Ramón Velázquez García conforman el once del medio siglo en el Colegio cuya labor profesional hoy han sido reconocida.

Cuatro hermanos licenciados en Derecho
Javier Vega de la Peña ingresó en la facultad de Derecho en 1961. Entonces contaba con 17 años. Sus tres hermanos varones también estudiaron Derecho. Bendita sea la rama que al tronco sale. Uno de sus abuelos y su padre fueron licenciados en Derechos, por lo que en esa casa familiar había una clara tendencia al ámbito judicial.

Javier Vega de la Peña y José Antonio Vega de la Peña, dos hermanos homenajeados este viernes por el Colegio de Abogados

Juan Flores

Durante once años hubo un Vega de la Peña en las clases de dicha Facultad. «Y sin que ninguno repitiera curso. Estuvimos coincidiendo no dos, sino tres de nosotros, pero nunca hubo ningún tipo de competencia entre nosotros, todo lo contrario, siempre hubo ayuda», confiesa Javier Vega de la Peña a este periódico.

Echa la vista atrás y Javier Vega de la Peña, que nació en 1944, afirma sin lugar a dudas que la abogacía «ha cambiado mucho». Empezando por el tipo de despacho profesional, donde antes no existía prácticamente los colectivos, hasta las relaciones entre compañeros e, incluso, entre abogados y jueces. «Me quedo con las de antes y seguro que los compañeros que lleven tantos años ejerciendo coincidirán conmigo», confiesa este letrado con medio siglo ejerciendo.

Javier, a diferencia de sus hermanos que se decantaron por opositar y desarrollar sus carreras profesionales como inspectores de Trabajo y de Hacienda, se decantó por ponerse la toga. Y sigue en activo. Empezó en el despacho del «inolvidable» José Ramón Cisneros Palacios, padre del actual decano del Colegio, Óscar Cisneros. «Con eso lo digo todo», remarca sobre la influencia de quien fuera su maestro, «su gran suerte».

«El cliente pasa, el compañero siempre estará»
Javier Vega de la Peña aprovecha este homenaje para dirigir unos consejos a quienes están en la rampa de salida de la facultad hacia la abogacía. «Una buena preparación práctica, pues muchas veces no sabemos aplicar a la realidad del litigio los conocimientos teóricos que hemos adquirido en la universidad», afirma, repitiendo su suerte por estar al amparo de Cisneros Palacios.

Además, considera fundamental que exista «un gran respeto y lealtad para con los compañeros». «No merece la pena un comportamiento inadecuado con un compañero aunque con ello ganes un pleito. De mi maestro aprendí que el cliente pasa pero el compañero siempre estará ahí».

Javier Vega de la Peña reclama a los futuros abogados «honradez» en las relaciones con el cliente y también con las personas que componen la administración de Justicia. Y, por último, que «amen su profesión porque realmente es bella y enriquecedora».

La foto de familia de los abogados que cumplieron las bodas de plata en el Colegio el pasado 2021 era mucho más amplía. Más de 230 eran los letrados citados este viernes al mediodía en el hotel Alfonso XIII para recibir su reconocimiento.

Al almuerzo homenaje han asistido el alcalde de Sevilla, Antonio Muñoz; el presidente del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, Lorenzo Del Río; el decano emérito del Colegio, José Joaquín Gallardo; la representante del Poder Judicial en Andalucía Occidental, Begoña Rodríguez Álvarez; el fiscal jefe de Sevilla, Luis Fernández Arévalo: el juez decano, Francisco José Guerrero. Antes de este encuentro, el Colegio de Abogados organizó solemne misa en honor de la Inmaculada Concepción, la patrona de la corporación, oficiada por Antonio Mellet, vicario judicial del Tribunal Metropolitano de Sevilla, en la capilla de Santa María de Jesús, en la avenida de la Constitución.

El discurso del decano
En su intervención, el decano Óscar Cisneros se ha dirigido a los compañeros homenajeados, quienes iniciaron su camino profesional hace muchos años en «un muy honroso modo de ganarse la vida».

«Es un reconocimiento a una labor constante, diaria y permanente durante muchos años de trabajo y esfuerzo, de fatigas, de desatención a sus familias y a sus aficiones, durante los cuales habéis luchado y sufrido, viviendo la preocupación de los clientes las 24 horas del día, lo que seguro seguís haciendo, en defensa de los legítimos intereses que se os encargan», ha manifestado el decano.

En este sentido ha continuado afirmando que los abogados ejercen «una profesión llena de sacrificios y sinsabores, pero merecedora del correspondiente elogio y enaltecimiento». En este punto ha leído un párrafo de una sentencia del Supremo de enero de 1930: «El abogado no es únicamente la persona que con el título de licenciado o doctor en Derecho se dedica a defender en juicio, por escrito o de palabra, los intereses y las causas de los litigantes, sino que es el consejero de las familias, el juzgados de los derechos controvertidos cuando los interesados lo desean, el investigador de las ciencias históricos-jurídicas y filosóficas cuando éstas fueran para defender los derechos que se le encomienda, el aposto de la ciencia jurídica…».

El último mensaje del decano ha sido más bien una advertencia para no dormirse en los laureles con la experiencia acumulada. «En un mundo tan cambiante, los nuevos retos exigen una regulación con nuevas normas y nuevas leyes, que requieren su conocimiento y su aprendizaje, por lo que la formación continuada y la especialización deberán seguir siendo uno de los pilares de la práctica jurídica», ha subrayado.

Óscar Cisneros se ha dirigido a sus compañeros para recordarle que cualquier intervención del abogado debe estar inspirada por los principios morales y éticos que gobiernan la actuación de la abogacía, ya sea ante los clientes, los tribunales, el colegio y, sobre todo, los compañeros, a los que «debemos respeto y lealtad».

Por

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Abrir chat
¿ Hablamos ?..
Cope Écija
Hola, ¿ En que podemos Ayudarte ?