Cualquiera puede hablar de la mujer morena y muchos, en Córdoba y fuera, conocen los cuadros de Julio Romero de Torres, pero no tantos han escuchado su voz. ¿Qué pensaba y sentía uno de los pintores más admirados de su tiempo?

Responde a la pregunta ‘Julio romero de Torres. Entrevistas y Confesiones (1899-1930)’, el libro en el que el escritor Rafael Inglada ha reunido los testimonios del pintor cordobés en 24 entrevistas concedidas a los periódicos de su tiempo.

Rafael Inglada buscaba material para una biografía de Julio Romero de Torres cuando encontró entrevistas, cartas a los periódicos y reflexiones que iba guardando y que ahora forman un libro que publica la editorial Cántico.

«Una de las cosas más importantes de este libro es que tenía que cubrir un vacío. Conocía su bibliografía y no se había publicado un libro de entrevistas con él ni de declaraciones a la prensa», asegura el autor.

Rafael Inglada, a la derecha, durante la presentacion de un libro en Córdoba

Roldán Serrano
En las entrevistas Julio Romero de Torres desvela «aspectos privados», pero también habla de su arte, del pensamiento, de la política y sobre la época en que tuvo que vivir. También, resalta Rafael Inglada, sobre las modelos que quedaron inmortalizadas en sus lienzos.

«Es como un cuadro de un Julio Romero de Torres humano y cercano al lector», resume. Fue un pintor admirado en su momento que siempre interesó a la prensa tanto en las declaraciones de la revista como en la difusión de su obra, y por eso los medios de la época, con ABC a la cabeza, acudieron a plasmarlos en sus páginas.

Los que conocen fotografías lo recuerdan como un hombre serio frente a la cámara o trabajando en su estudio, pero, ¿cómo podía ser Julio Romero de Torres? Para Rafael Inglada, la seriedad podía ser algo para esconder cierta timidez.

«Fue un hombre muy abierto a sus amigos, al ambiente de su época, a la política y a la sociedad que tuvo que vivir. Muy atento», cuenta el autor tras haberse sumergido en sus entrevistas.

Compromiso
Los lectores conocerán a un pintor, pero también a un
padre
, a un profesor de la Escuela de Bellas Artes de Madrid y un amigo de grandes figuras de su tiempo, como Ramón del Valle-Inclán. Esos personajes «levantaron su figura» en aquel momento, apunta Rafael Inglada.

Con todo eso se forma «un rompecabezas», que el autor ha intentado «no unir, sino reunir, para comprender a Julio Romero como persona».

Fue también, insiste, un hombre «con un gran compromiso político y social» con su tiempo y en las páginas del libro aparecen también actividades como los banquetes homenajes a amigos o el apoyo con cartas a cualquier iniciativa social y cultural.

Por ejemplo, un monumento a Cervantes o un homenaje a Rubén Darío o a la actriz Ofelia Nieto, en los que participó. Romero de Torres, recuerda, no sólo se relacionó con los pintores de su tiempo, sino también con los actores, escritores y los partícipes de la cultura.

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